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El mayor reto de Bruce Arena como seleccionador de EE UU es llegar a las comunidades ignoradas

Bruce Arena, el técnico sensato nacido en Brooklyn que llegó a situar a Estados Unidos en el cuarto puesto de la clasificación de la FIFA, regresará a un puesto que ocupó durante ocho años. Entre 1998 y 2006, este técnico de 65 años cosechó 71 victorias con la selección estadounidense -incluida una memorable trayectoria hasta los cuartos de final de la Copa Mundial 2002- y se convirtió en el entrenador más laureado de la historia del combinado nacional. También ha demostrado su valía en el fútbol nacional, donde ha ganado cinco Copas de la MLS con el LA Galaxy y el DC United.

¿Se deshará Bruce Arena de jugadores afincados en Alemania como Bobby Wood?

Las claves del nuevo seleccionador de Estados Unidos

Sin embargo, es posible que Arena sea juzgado por sus decisiones fuera del terreno de juego, sobre todo por cómo pone en práctica sus firmes convicciones acerca de la identidad del fútbol estadounidense. Unas creencias que difieren enormemente de las de Jürgen Klinsmann.

Para empezar, será interesante ver cómo Arena desafía la idea de que Estados Unidos debe imitar un modelo europeo y abrazar la obsesión de Klinsmann por los jugadores con doble nacionalidad en ligas extranjeras. «Creo que la mayoría de la selección nacional debería salir de la Major League Soccer», dijo Arena en 2014. «La gente que dirige nuestro órgano de gobierno cree que tenemos que copiar lo que hace todo el mundo, cuando en realidad nuestras soluciones vendrán en última instancia de nuestra cultura».

Este año, en el podcast de Alexi Lalas, su opinión cambió ligeramente. Arena dijo que no importa dónde haya nacido alguien o dónde juegue, debe sentirse orgulloso de representar a Estados Unidos, algo que cree que se ha perdido en los últimos años. Los comentarios cambiaron ligeramente con respecto a hace dos años, pero siguen indicando un sesgo cuestionable en los pensamientos de Arena sobre el patriotismo.

Arena

Arena debe tener cuidado. Sus palabras parecen cuestionar quién se considera estadounidense, y esto podría dañar la relación entre él y jugadores afincados en el extranjero como Bobby Wood, Fabian Johnson y, por supuesto, Christian Pulisic.

En cualquier caso, es emocionante que Arena valore la MLS, una liga que todavía está infravalorada por el resto del mundo. Si bien es cierto que Klinsmann seguía buscando opciones en la MLS, su reticencia a seleccionar jugadores de la liga era evidente. La reciente convocatoria de 26 hombres elegida para los partidos contra México y Costa Rica, por ejemplo, sólo tenía ocho jugadores de la MLS. La decisión de Klinsmann de ignorar a los jugadores de la MLS que no se llamaban Michael Bradley se debió más a que no hizo lo suficiente para cultivar una relación lo bastante fuerte con los equipos de la MLS, y menos a que no hubiera suficiente talento en la liga.

Arena tiene una oportunidad perfecta para ir aún más lejos y examinar la reserva de talento que podría estar disponible para Rusia y más allá. De la misma manera que Klinsmann buscó en Alemania y Europa a los jugadores seleccionables, Arena podría hacer lo mismo con los talentos de la MLS que, a pesar de no ser estadounidenses de nacimiento, forman parte en gran medida de los valores del fútbol estadounidense. Imaginemos lo que podría ocurrir si Mauro Díaz o Jack Harrison (jugadores que probablemente no sean seleccionados para Argentina o Inglaterra en el futuro) decidieran -gracias a los requisitos de residencia- representar a Estados Unidos.

Una última prerrogativa para Arena, y esto es algo que apenas se menciona, debería ser ayudar al fútbol estadounidense a reevaluar la relación entre el sistema de pago por jugar y las comunidades que en gran medida son ignoradas por el modelo de academias. Uno de los mayores problemas de la cantera estadounidense es la desigualdad entre los que pueden permitirse jugar y los que no. Además, con Klinsmann, las academias se distanciaron del fútbol de los institutos, ya que querían imitar la forma europea de entrenar, en la que el fútbol escolar era secundario frente a las academias de desarrollo. El problema es que muchos jugadores jóvenes con talento de todo el país no pueden permitirse las cuotas anuales de un programa y, por lo tanto, acaban completamente olvidados y alienados.

El fútbol en Estados Unidos es una mercancía suburbana.

Si Arena quiere realmente influir en el fútbol estadounidense por segunda vez, debe mirar más allá de la clasificación para Rusia. El chico que empezó su carrera jugando en su instituto puede ayudar a US Soccer a llegar a comunidades que hasta ahora han sido ignoradas por el sistema de pago por jugar.

Ahí es donde se producirá el verdadero cambio.

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